Buscando sentido al sinsentido.

Dos tristes acontecimientos nos han sacudido las entrañas esta semana. Un acuerdo internacional para devolver a la guerra a personas y familias que llevan meses huyendo de ella; y un ataque terrorista que ha arrebatado de cuajo la vida de muchas personas.

Más que tristes son crueles, ya que ambos han sido intencionados, decididos y perpetrados por personas para hacer daño a otras personas. No son los únicos actos crueles, se suceden a diario en muchos lugares del mundo y se manifiestan de formas muy diferentes. La crueldad no siempre se explicita con actos: la omisión y el consentimiento son igualmente crueles, injustos y ,a mi modo de ver, igualmente incomprensibles si tenemos en cuenta dos cuestiones:

Primera: No elegimos donde nacemos, ni las cartas que nos reparten para empezar a jugar la partida. No elegimos el lugar, ni la familia, ni las condiciones sociales o económicas. Si fuéramos capaces de tomar perspectiva y darnos cuenta de que somos de aquí, pero podríamos ser de allí; estamos aquí pero podríamos estar allí; hemos tenido una niñez, pero podríamos haber tenido otra bien distinta, otra educación,  color de piel, religión…. Entonces nos daríamos cuenta de que nuestra sobreestimada idiosincrasia, las creencias valores y principios que rigen nuestra vida, son más fruto del libre albedrío que de ningún tipo de misión predestinada para nosotros.

Ahora bien, que no elijamos las cartas no quiere decir que no seamos responsables de cómo las jugamos. Sólo que debemos ser conscientes de que no es un solitario, es una gran partida con otros muchos jugadores, con otras cartas diferentes que son sus cartas, pero podrían haber sido las nuestras. De ahí la importancia de unos derechos humanos universales, unas reglas del juego que garanticen que todos podamos jugar, vivir y disfrutar la vida, independientemente de las cartas que nos hayan repartido.

Segunda: Estamos aquí de paso, jugamos un ratito y nos vamos. Ocupamos un asiento prestado, mucha gente estuvo antes y muchas estarán después. No somos dueños de nada, todo se nos presta y deberemos devolverlo cuando nos vayamos. Será devuelto para que se preste de nuevo un ratito a otras personas. Llamémosle pedazo de tierra, personas, recursos naturales, religiones, ideologías…. Pensar que nos pertenecen y que tenemos más derecho que otras personas sobre ellos, o que por el hecho de tenerlos somos superiores es realmente prepotente y carente de sentido.

Cuando junto ambas reflexiones y pienso que somos quienes somos casi de casualidad; y que además vamos a vivir un ratito y nos vamos a ir sin nada…. No entiendo casi nada de lo que pasa en el mundo: ¿Qué sentido tiene deshumanizarnos si el hecho de ser humanos es la única condición común a todos los jugadores de la partida y podríamos ser cualquiera de ellos?.

Elena Vélez Agustín.

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4 pensamientos en “Buscando sentido al sinsentido.

  1. Preciosa reflexión y muy bien traida. Aunque me da mucha pena, que en ocasiones nuestras vidas, las de tantas y tantas personas, puedan verse reflejadas en el banal y simple juego de cartas. Tan cruel, como veraz

    Enhorabuena ¡

    • Muy cierto que la metáfora es injusta por simplificar una realidad demasiado importante.
      Intenta transmitir la arbitrariedad de aquello en nombre de lo cual la gente odia, desprecia y mata a otros seres humanos, creyéndose dueño de lo que en realidad no le pertenece.
      Muchas gracias!!

  2. Quizas debieramos pasar, en el curriculum de nuestra vida, una semana hambre, que desapareciera nuestra identidad (paperles)durante dos dias, que no tuvieramos asistencia sanitaria un mes,…en fin tantas cosas que nos acercaran mas a los que sufren…Seguro que nuestra actitud y discursos cambiaban y el mundo seria mas habitable.

    • Muy cierto Lorenzo, y triste. Deberíamos ser capaces de ponernos en el lugar de los demás sin tener que hacerlo físicamente; parece que no lo somos así que es una buena idea.
      Gracias.

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