¿Hay vida después de la Navidad?

Cuentan que sí, pero si crees que tu vuelta al trabajo después de la navidad es dura, ni te imaginas la vuelta al cole de tus hij@s.

A medida que se acerca el final de las vacaciones, y quizás como un modo inconsciente de irnos haciendo a la idea, empezamos a recitar cual mantras frases como “Lo que necesitáis son rutinas”, “Qué ganas tengo de volver a la normalidad” o “Qué bien nos va a venir la vuelta al cole”.

Y seguramente todas son ciertas, tampoco soy yo quién para juzgarlo. Pero sí me gustaría hacer una reflexión, una reflexión empática podríamos llamarle, sobre lo que supone realmente para los niños y niñas la vuelta al colegio después de las vacaciones de navidad.

Viene a ser algo así como acostarte una noche tras 15 días siendo el Rey de la casa, colmado de atenciones y obsequios, chutadísimo de azúcar y adrenalina, sin apenas normas que acatar…… y despertarte al cabo de pocas horas, de buena mañana, que te vistan, te desayunen, te pongan una mochila, te arranquen de cuajo la corona y ¡ale!, al cole que ya era hora.

08-01-2019 15-29-46     Pobrecitos, entran por la puerta de las aulas desolados: muertos de sueño, con mono de azúcar, destronados y sin entender qué ha sido de sus lujosas vidas de las que tan sólo hace unas horas disfrutaban.

Ya sé que pensaréis que para nosotr@s también es duro, que es lo que hay: la vida es dura…. Pero os aseguro que la descompresión navideña de los niños es mucho más cruel que nuestra vuelta al trabajo, que en algunos casos puede ser hasta un alivio. Y os voy a explicar algunas diferencias para que entendáis lo dramático de su situación.

–  A traición. No en todos los casos, pero a menudo no les comunicamos con antelación los cambios, y como no tienen mucha –o ninguna- conciencia temporal; a ellos les parece que aterrizan directamente de la cabalgata de Reyes en el cole.

(Nota: Repetir durante las vacaciones “Ya verás, cuando vuelvas al cole se te van a acabar las tonterías” no cuenta como anticipar :-P)

– La ratio de adultos por niño; y no sólo el número de personas, sino también-y sobre todo-  el nivel de atención que estas personas prestan de forma simultánea a cada mínimo movimiento de la criatura. Ahora hay una sola persona con 25 niños, y esa gracia super graciosa con la que los abuelos y tíos se tronchaban y me pedían repetir a todas horas, ni siquiera le sorprende.

– En la misma línea, el desfase entre objetos de su interés y número de personas con las que compartirlos. Dependiendo de la edad esta es muy dura, y representa claramente el fin del reinado.

– El nivel de estímulos/novedades por minuto del día: llámense regalos, personas, visitas, adornos, dulces, más regalos, más personas, más dulces…. Aquí, si hacemos un honesto repaso mental, podremos entender lo insípida que debe parecerles la escuela a la vuelta.

– Los tiempos de respuesta: pasamos de -10 segundos (en negativo por aquello de la anticipación familiar a las necesidades de su majestad) a + 3 minutos con suerte, dependiendo del momento, y si no acaba siendo un “Ahora no”. Ese primer “no” es el que ratifica definitivamente la apocalipsis.

– ¿De postre manzana? ¿Esto qué es lo que era? Esa comida saludable que la mayoría de nosotr@s estamos deseando recuperar después de los atiborramientos festivos, para ellos es como una broma de mal gusto. Yo les suelo decir que la fruta también tiene azúcar, pero me miran con cara de “Deja de recrearte en mi miserable vida y esfúmate”.

No hablo de las normas, límites, horarios y rutinas; porque en esto creo que los mayores estamos igualados en sufrimiento al volver al trabajo.

Por suerte –para la salud mental de las maestras sobre todo- con el paso de los días todo va volviendo a la normalidad, es la magia del cole. Vuelven a reconciliarse con su vida de niños y niñas mortales que tampoco estaba tan mal.

Es un cariñoso relato –exagerado en muchos casos, en otros me temo que me quedaré corta- de lo que supone la vuelta al cole después de la navidad, para que cuando te lamentes por la vuelta al trabajo, pienses que podría ser peor: te podrían haber destronado.

¡Feliz rentrée!

 

Elena Vélez Agustín.

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