Conversaciones de chiringuito.

Una mamá comienza preguntándonos cómo podría hacer para inculcar en su hija el amor por la muisca; difícil cuestión. Reconoce que ella tiene esta vocación gracias a que sus padres, cuando era pequeña, creyeron que era importante que la aprendiera, todo y que a ella no le hacía especial ilusión. Como resulta que en nuestra época los padres no nos preguntaban constantemente qué nos apetecía hacer, sino que hacían lo que ellos creían que era conveniente, nos complaciera o no, pues a música le tocó apuntarse.

Justo entonces alguien lanza una pregunta aún más difícil: “¿Cuánto hay de ti, de la que eres hoy, condicionado por cómo te educaron tus padres y cuánto es exclusivamente tuyo?

Todas reflexionamos en voz alta sobre cómo nos ha encaminado -de forma más o menos consciente- el modo en que hemos sido educadas. Cuántas de nuestras decisiones en la vida, nuestras vocaciones, nuestras formaciones o profesiones, incluso nuestras aficiones actuales son resultado de la influencia de nuestros padres y cuántas son de nuestra propia cosecha. Y considerando influencia tanto la trasmisión directa como el “efecto rebote”; es decir, haber hecho justo lo contrario a lo que deseaban que hiciéramos, práctica muy común también en nuestra época.

Y en seguida concluimos que es imposible separar lo que es propiamente nuestro y lo que es fruto de las personas y circunstancias que nos han acompañado en nuestro crecimiento…. Inevitablemente, para bien y para mal, somos el resultado de una vida llena de aprendizajes, de aciertos y errores; todos ellos relacionados con el entorno que nos rodea, que nos ha rodeado desde pequeños. Porque antes de nacer incluso, ya estamos absorbiendo experiencias que conformarán las personas en quienes nos vamos convirtiendo. Somos quienes somos gracias -o a pesar de- dónde, cómo, y con quién estuvimos, hemos estado y estamos. Somos en definitiva, como decía Ortega y Gasset, “nosotros y nuestras circunstancias”.

Me ha parecido una reflexión interesante, ya que en el momento en el que seamos conscientes de cómo la forma de hacer de nuestros padres ha calado en quien somos hoy, seremos más conscientes de la influencia que ejercemos sobre nuestros hijos.

Y ahora relanzo la pregunta: “¿Cuánto hay de tus padres en ti?”

Pd: Lujo de compañía siempre, también en el chiringuito.

Elena Vélez

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2 pensamientos en “Conversaciones de chiringuito.

  1. Tendremos que alargar la ya manida frase de “yo y todas las mujeres que me habitan”… Qué tal un “yo, todas las mujeres que me habitan y todas las neuras y las no-neuras de mis padres, profes, amigos, novio/as, parientes, conocidos/as, … que en algún momento influenciaron y no-influenciaron mi vida”?? Puuuuuf! ¡Qué líquidos somos! 😉

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