Consecuencias, esa gran palabra.

Cuando ví el vídeo hace ya un tiempo pensé en la frase de B. Brecht “Qué tiempos seran los que vivimos que es necesario defender lo obvio”. De hecho, últimamente esta frase me viene a la cabeza con bastante frecuencia.

Lamentablemente la realidad a menudo acaba superando a la ficción, y recientemente esta realidad ha tenido las consecuencias más graves imaginables: una mujer se ha suicidado por la difusión de un vídeo sexual íntimo entre sus compañerxs de trabajo.

Y casi es tan nefasta la noticia en sí, como el tratamiento mediático, opiniones, juicios, y comentarios de personajes y personajillos que la han seguido. Una respuesta social a la noticia que nos confirma que sigue siendo necesario defender lo obvio.

Viendo el tratamiento dado a lo sucedido en los medios, me preocupa la poca capacidad reflexiva y autocrítica que tenemos como sociedad. Dejamos pasar ante nuestros ojos/pantallas noticias que consideramos ajenas a nosotrxs y que seguimos tratando como si leyéramos “El caso”, sin ser conscientes de la realidad que como sociedad nos está devolviendo el espejo. Pero resulta que no se trata de un caso aislado, es noticia por las trágicas consecuencias en las que ha derivado; pero, ¿con qué frecuencia se dan estas situaciones en el día a día sin que salgan en los medios porque no hay un suicidio de por medio?.

“Acoso ha habido siempre”;  esa gran frase que sirve para todo; para el acoso escolar, el machismo, la corrupción…. Y ya si nos ponemos podría servir también para el hambre, las guerras, el cambio climático, los genocidios… Puede usted meter en el saco lo que le parezca a conveniencia, si con ello duerme más tranquilo. Yo no compro, a mí no me sirve; pero es que además no es cierto.

No es cierto porque vivimos en un mundo cambiante, ahora más que nunca y sobre todo en lo qae se refiere a la forma de comunicarnos y relacionarnos; y las causas y consecuencias de nuestras acciones también lo son. En el caso del acoso por ejemplo, ahora puedes humillar a una persona que está a 500km a la que ni siquiera conoces, sin esforzarte ni pensarlo mucho: de forma inmediata, anónima, con un solo click, y mientras comes en familia en el campo con la family. Inmediatez y despersonalización son dos grandes variables que han introducido las nuevas tecnologías en nuestras vidas, y que merecen por lo menos un par de reflexiones.CibreacosoSobre el tema del ciberacoso, se hizo un experimento con adolescentes y se les pidió que dijeran en persona a otrxs compañerxs cosas que habían dicho de ellxs por las redes; la principal respuesta fue que no eran capaces porque los tenían delante. Y éste es el quid de la cuestión para mí, y la gran perversión de las redes y nuevas tecnologías mal utilizadas: la despersonalización. Porque hacer daño sin tener que mirar a los ojos requiere menos reflexión, menos implicación, menos valentía; pero si además no tenemos que ver cómo recibe la ofensa, pues nos ahorramos también la empatía. Todo ventajas.

Pensando en las víctimas de bullying; si una mujer adulta llega al extremo de quitarse la vida ante la presión sufrida por el acoso, ¿qué pasará por la cabeza de un/a adolescente, en plena formación de su personalidad, sin control total sobre la gestión de sus emociones, con la desmesurada importancia que damos en esta etapa a la imagen y al grupo de iguales? .

Pasemos a los acosadores: si personas adultas –a priori más maduras y reflexivas- son capaces de difundir un vídeo de estas características sin pararse a pensar en el daño que pueden hacer, ¿qué puede estar pasando en el impulsivo y exaltado  mundo adolescente? La foto de la realidad que me viene a la cabeza no es bonita, por mucho que acoso haya habido siempre. No dudo que lo hubiera, pero seguro no era tan fácil hacerlo de forma impune y despersonalizada.

Como adultos nos toca hacer una reflexión sobre lo ocurrido, más aún si pretendemos educar a las nuevas generaciones. Y como sociedad toca responsabilizarnos, ser valientes, y señalar con el dedo y en voz bien alta lo que no está bien. Y si no lo está en persona, tampoco en diferido; el daño es el mismo, y sobre todo las consecuencias, esa gran palabra.

Dejo para otro artículo el evidente machismo estructural subyacente a toda la historia, y lanzo una reflexión: la mayoría de hombres “que hacen esas cosas” no tuvieron acceso a la pornografía -y por tanto a la cosificación de la mujer y su sexualidad- hasta la edad adulta. Los adolescentes actualmente tienen acceso a la pornografía prácticamente desde la infancia, y si no hay una educación afectivo-sexual de calidad que lo contrarreste, ésta será una de sus principales fuentes de información sobre la sexualidad y las relaciones.

Ahora, de nuestra responsabilidad como sociedad, quiero pasar a la de los medios de comunicación, y en este punto conecto con otros titulares recientes, que a priori no tienen nada que ver; pero que, atendiendo al tratamiento dado a las noticias y las causas y consecuencias de las mismas, sí. Subrayo –consciente de que entro en terreno pantanoso- que quiero hablar del tratamiento de las noticias y no de los casos particulares, de los que seguro me falta información y en muchos casos se encuentran bajo investigación policial.

Me refiero a cuando personajes públicos, ídolos y referentes de los más jóvenes (dejo de lado lo de la clase política) cometen graves errores, a menudo delitos, con graves consecuencias para su persona o el prójimo, Y me refiero sobre todo a cómo nos tiembla el pulso a la hora de llamar a las cosas por su nombre en algunos casos. Porque estamos perdiendo una maravillosa oportunidad de utilizar esas acciones y sus consecuencias como herramienta educativa, por muy doloroso que sea para lxs jóvenxs que lss tienes como referentes.

Porque si un deportista se mata con el coche por ir a más de 200km por hora (él y un familiar) y decimos que la causa ha sido la velocidad sumada a un despiste; si un youtuber asesina a un indigente mientras lo graba y “se le fue de las manos”, o un futbolista difunde videos sexuales por la red “para defenderse” de las acusaciones de violación; pues resulta que estamos siendo un poco ambiguos, por no decir cobardes.

Y si disfrazamos los hechos o minimizamos las consecuencias, ¿qué mensaje estamos enviando? Así de primeras se me ocurre “Si ellos pueden, por qué yo no”.

 

Elena Vélez Agustín

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